Las últimas semanas han traído a mi atención la existencia de un género literario que los académicos y expertos no mencionan nunca por la excelente razón de que ignoran su existencia. Se trata del follaje literario.
Es muy probable que si los académicos se percataran de este género no cobrarían interés en él de todas formas por que las características que lo definen son prácticas, casi físicas y poco a nada tienen que ver con el contenido, la estética o las técnicas poéticas y estilísticas.
Me explico con un ejemplo: las obras completas de Charles Dudley Warner. Incluyen géneros diversos como el periodismo, el ensayo, la novela y el cuento lo cual les concede, sin duda, ser consideradas como literatura pero no necesariamente como follaje literario. Lo que sí les da ese título particular es su volumen o su extensión. En efecto, impresas en páginas de tamaño estándar para libros de pasta dura tomarían unas 5000 páginas o 2500 hojas de papel.
En este punto el lector (el elemento más ficticio de este ensayo) pudiera objetar contra el ejemplo de las obras de Warner diciendo que se trata no de una obra sino del conjunto de los trabajos de una vida entera. Y mientras tal aclaración sería perfectamente pertinente, en nada altera el hecho de que, puestas juntas, las obras de Warner califican muy bien como follaje literario.
Por aclarar un poco mejor la situación ilustremos con otras dos obras dedicadas a la historia de Roma que definitivamente merecen el honor de ser incluidas en los anales del follaje literario; dos clásicos de la literatura occidental que demuestran que la cantidad y la calidad no son mutuamente excluyentes.
Primero, la Decadencia y Caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon. Sus ediciones impresas todavía abundan y una sola copia, con todos sus volúmenes, puede desnivelar cualquier edificio mal construido y no por eso se le deja de considerar un clásico de la literatura en inglés y lectura obligada para cualquier aficionado serio o profesional de la historia clásica.
Otra historia de Roma es de Thomas Mommsen. Por ella ameritó un premio Nobel de literatura --uno de los pocos que se le han otorgado a escritores que no cultivan la ficción. Se trata, de nuevo, de una obra de referencia obligada para los especialistas en historia clásica o en textos alemanes. Y sin embargo, sus volúmenes son bien capaces de planchar una hoja de acero.
Pero Roma no tiene el monopolio cuando se trata de historia y foliaje literario. Hay historias de otros países que son igualmente extendidas, como el caso de Inglaterra. Lord Macaulay dedicó varios años de su vida a producir foliaje literario en la forma de la historia de Inglaterra desde el ascenso de Jaime II. Como en el caso de Gibson y Mommsen, McCaulay escribe kilos y kilos de texto.
También la ficción es capaz de producir follaje literario. Quien pueda dudarlo puede darle una mirada al clásico transcultural: las Mil y Una Noches cuyo título engaña al lector potencial haciéndole pensar que su lectura es cosa de unos meros dos años y medio cuando en verdad puede tomar cinco, o seis.
Ficción, historia, recopilación de obras. Pueden no parecer los textos más influyentes del mundo así que tomemos un ejemplo más, el de una colección de textos que han definido la cultura religiosa occidental ya sea en términos de la autoridad o de la repulsión que inspiran: la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Solo tomó décadas después de su composición para que se convirtieran en la columna vertebral de la teología católica y unos siglos más para devenir el objeto de la definición del protestantismo, cuyas diferentes sectas se distinguen entre sí por el grado en que niegan las tesis tomistas. ¿Y qué son las más de 500 cuestiones en 6500 páginas de la Suma Teológica si no follaje literario?
Si al llegar a este párrafo el ocioso lector no ha captado la idea central que define al follaje literario, he aquí unos breves tips prácticos para identificarla sin ambigüedad:
- La obra se vende a un precio semejante al de su peso en papel.
- La obra requiere un carrito de golf para que su transporte resulte conveniente.
- Le edición digital no cabe en un diskette de tres pulgadas y media.
- La obra es incómoda de leerse, independientemente del medio de lectura.
- La lectura de la obra califica como régimen de entrenamiento físico.
- La obra es más útil para matar roedores que para matar insectos.